domingo, 29 de agosto de 2010

LACAN

Jacques Lacan, psicuanalista de los ´50, nos describe la dialéctica del deseo.
En la que la mujer se puede identificar con el hombre en una búsqueda
del deseo con otro en secreto.
Los deseos vienen, se seducen de exigencías y demandas, lo cual significa
la tarea de convertirlos como algo propio.

Articulamos el deseo, para que se manifieste en el interludio, que trae a la luz
la carencia del Ser para recibir un complemento que es el otro, puesto que a a él
también le falta el otro Ser y a eso se le llama amor, pero puede pasar también
por el odio.
Las pasiones del Ser, que evocan una demanda más allá de la necesidad que
existe en ella, aquello que el sujeto deja en privado, porque cuanto más queda
satisfecha queda la necesidad más se demanda.
El lazo de amor, es un velo lanzado como cortejo, es una simbolización, en la
que entra el deseo, lo captura en su red con el objeto de llevarlo a cabo.

La satisfacción de la necesidad, puede ser un engaño, lo que acaba con la
demanda de amor, enviándo al sujeto al sueño del Ser.
Ser ó no ser, soñar sobre sus necesidades, cuando se alimenta con amor,
el rechazo es un juego, sin embargo puede haber anorexia mental. El odio
paga al amor, con la ignorancia, cosa que no se perdona, al negarse la
satisfacción de la demanda, es un abrir una dialéctica de transferencia, que
hay que sembrar en el otro, el deseo del hombre/mujer, es el deseo del otro también.

El deseo se produce más allá de la demanda por el hecho de que la vida
puede podar en ella la necesidad y lo ahueca, evoca carencias en la demanda
de amor. La relación sexual ocupa el huerto cerrado del deseo y va a jugar
con su suerte. Cada uno de los participantes en la relación ya no pueden ser
sujetos de la necesidad, sino que ocupan un lugar de causa y efecto en la relación.
Esta verdad está en el corazón de cada individuo, constituye la condición de la
felicidad a concretarse, para resolver por medio de la relación y la ternura, los
conflictos anteriores del Ser.

El hombre debe de aspirar a ser íntegro desde el momento en que el juego
del amor comienza y marca su relación como un privilegio como parte del Logos
que los une, para el advenimiento del Amor y el deseo.


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