sábado, 9 de octubre de 2010

El Pueblo de Israel

¡Dios de Israel!
Apiádate de mí y de mi desgracia, que mi dolor desarme tu ira.
Un día apartaste tu rostro de nosotros, y desde ese día, tu pueblo
fue vencido por la violencia.

Imploro tu ayuda, hemos visto como se está destruyendo nuestra
Ciudad y asesinada nuestra gente.
¿no eres acaso el Dios de la liberación?

¡Dios! has roto ésta alianza de divinas promesas.
Bendice a ésta Ciudad, es hora del perdón.
Oigo en mi corazón una voz, la del Señor.
Este Dios lleno de bondad, sensible a la plegaria.

Rompamos nuestras cadenas, hay que acudir al combate.
¿Dónde encontrar las armas?
La duda es blasfemia.
El Señor nos ama, el Dios de los combatientes.
El armará nuestros brazos con espadas invencibles.

Avancemos con él.
Jehová, nos conduce y nos devuelve la esperanza.
La falanges del cielo, se apresuran para vengar a Dios.
Relámpagos en el cielo, ante su cólera, todos huyen.
Puebló levántate!

Dios de la Luz:

Escucha mi plegaria.
Tiembla la tierra y desata los huracanes.
El nos castigó con su cólera, porque desafiamos sus leyes.

¡Yo Soy el Señor de los ejércitos!
fuerza de sus brazos, que ha venido a nuestra aflicción,
por sus queridos hijos.

¡ha roto nuestras cadenas!
himno de la liberación,
Elevemos nuestro pensamiento al Eterno,
¡El ha consentido socorrer a Israel!

Llega el otoño, las flores se van,
mezclamos el pérfume de las rosas,
cantemos con los pájaros azules.

La Belleza, es un don del cielo,
dulce encuentro de sus ojos que penetran
en los corazones.

¡Vengo a celebrar la victoria, quiero
más amor que gloria. Te abro mis brazos
he coronado mi frente y tu dulce voz me
persigue!

Comienza el otoño, portando esperanza
con corazones enamorados.
Tu aliento pasa y borra de la tierra los
día infelices.

Todo arde en nuestras almas y tu dulce llama
viene a secar mi llanto. Devuelves a la tierra
un dulce misterio.

¡En vano soy hermosa!
Mi corazón lleno de años, aguarda tu regreso,
y alberga el recuerdo de tu dicha.

Cuando caiga la noche iré, triste a sentarme
junto al Río y te esperaré llorando, y si vuelves
algún día, para mí será ternura y dulce éxtasis
de un amor ardiente.

Amor, ven ayúdame en mi debilidad.
Contra el amor, la fuerza es en vano.
Yo sé cuanto me amas, y mi corazón no teme.
Vuelve, para reforzar nuestros lazos.

¿Podría ser que en tu corazón, nada puede
traicionar mi presencia?
Maldigo mi amor.
!Oh, amor mío! con gusto habría dado mi vida,
por el amor que me ha dado tanta felicidad.

El Señor ha marcado nuestra liberación.
¡Te amo!
El Dios del amor, es el mío.
Todo habla de ti en mi corazón,
mi amor por ti es tan grande.
que aleja los temores y acaba con las dudas,
que me oprimen y que guarda mi corazón.

¡Corazón sin amor!
¡Adiós!






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